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jueves, 22 de noviembre de 2012

El arte de la inversión II: ¿Y si...?

No es que yo esté obsesionado con el arte considerado como inversión, es la actualidad la que manda. Hoy El Mundo publicaba otro artículo sobre el tema. En este caso, se trata de unos grabados de Rembrandt que han resultado ser impresos por otros. Como ya dije en el artículo pasado, el hecho de que no fuese el mismo Rembrandt el que pusiera la tinta y apretase la prensa, hace que el precio disminuya.

Para ser más precisos, la noticia dice:

Tras estudiar unos 18.000 grabados que se pensaba que habían salido de los talleres de Rembrandt, los conservadores Erik Hinterding y Jaco Rutgers, aseguran que la mitad no fueron impresos en vida del artista, ni bajo su dirección.

Es decir, en este caso, no sólo no salieron de su taller, sino que ni siquiera se molestó en estar vivo durante el proceso de impresión.

Los nuevos propietarios las imprimieron en papeles de una calidad muy distinta del que usaba Rembrandt, que en su última época utilizaba papel japonés, según ha revelado el Rijksmuseum, que ha abierto una muestra sobre los grabados del artista holandés.
Las copias realizadas por la mano de Rembrandt son además las únicas que emplean técnicas específicas para crear efectos especiales en los grabados, según ha señalado la pinacoteca en un comunicado.
[..] 
"Las impresiones más lujosas e interesantes son las que hizo el propio Rembrandt" 

La noticia deja claras las diferencias: papel de mala calidad y unas técnicas específicas (tan específicas que nos quedamos sin saber cuáles son) para crear efectos especiales. Resulta sorprendente que tan obvias diferencias se les hayan pasado desapercibidas hasta ahora. No digo que no las haya, pero sí que hasta ahora los grabados "falsos" se consideraban a la altura de Rembrandt y ahora resulta que el papel es de mala calidad y no tienen efectos especiales.

En cualquier caso, lo que muchos nos preguntamos (y el autor del artículo intenta responder) es: ¿qué pasará con el valor de los grabados a partir de ahora?

Hinterding considera que su descubrimiento se traducirá en el aumento de los precios de las copias atribuidas a Rembrandt.

Volvemos al tema de la escasez que decía en el otro artículo. En opinión del tal Hinterding, los precios de los grabados auténticos (por el momento), subirán de un día para otro por obra y gracia de su rareza. En este caso, está totalmente claro que su valor artístico no tiene nada que ver con el aumento de precio.

También me parece curioso que no mencione qué pasará con el precio de los grabados falsos. Se me ocurren varias posibilidades:

  • Da por hecho que si unos bajan los otros suben.
  • Hinterding es un experto en arte y para él los grabados falsos no tienen interés.
  • Se trata de un aviso a navegantes: procurad que no se sepa que tenéis uno falso, aunque haya que falsificar los "efectos especiales"
  • Los grabados auténticos suben, mientras que los falsos se mantienen.
La última posibilidad parece ridícula (y seguramente lo sea en la práctica); pero no es ilógica. Tenemos la tendencia a pensar que el dinero se conserva, pero no tiene por qué. Cabe la posibilidad de que los falsos mantengan su precio (al fin y al cabo, son antiguos) mientras que los auténticos suban de precio. En el mundo de la especulación nada es imposible.

Es una pena que estas cosas sólo ocurran en el arte, y más concretamente en el arte que es fácil de coleccionar y, sobre todo, controlar su escasez.

¿Y si...?

Tras una ardua labor de búsqueda y restauración, el museo de retrocomputación de Alabama ha sido capaz de recuperar el programa "hello, world" original tal y cómo fue escrito por Dennis Ritchie en 1977, así como algunas de sus primeras versiones.

La cinta original, encontrada recientemente, tiene una pegatina con la frase "Misceláneas" escrita a bolígrafo con la estilizada caligrafía del programador. La inherente secuencialidad del medio nos permite asistir en primera fila al proceso creador. El resultado es un viaje fascinante a través de la mente del autor del lenguaje c.


La primera versión del programa es la siguiente:

main()
{
        printf("hello")
}
Tras la aparente simplicidad del código, se esconden algunos de los rasgos que harían famoso a este programa. El autor prescinde de las secuencias de control o variables tan presentes en la mayoría de los programas de su época. Su intención es comunicar un mensaje ("hello") y lo hace con una soberbia economía de medios. Incluso se permite no poner ningún comentario, algo que con seguridad levantaría críticas entre sus colegas.

Sin embargo, este primer intento no tuvo el éxito esperado. Por un lado, Ritchie pensaba que el mensaje no tenía la hondura metafísica que él buscaba; por otro su compilador consideraba que faltaba un punto y coma. Fue una época tormentosa, lo cual se refleja en varios intentos interrumpidos de grabación. El siguiente programa completo que aparece en la cinta es el siguiente:

main()
{
printf("hello world");
}
En esta versión ya se encuentran todos los temas que obsesionaban al autor. Encontramos el consabido "hello" (ver también su obra posterior, AdivinaElNumero.c); pero ahora también añade "world". Desde un punto de vista formal, la nueva cadena gana en simetría. Un espacio central actúa de fulcrum entre ambas palabras de igual número de caracteres.

El verdadero hallazgo, sin embargo, es semántico. Este nuevo programa saluda al mundo, se abre al exterior. Tiene vocación universal, rompiendo así con la tradicional endogamia de la programación clásica.

Más aún, ¡este programa compila sin errores!

La última versión es la que todos conocemos:

main()
{
printf("hello, world");
}


En este caso, Ritchie se limita a añadir una coma entre ambas palabras. La simetría se rompe, dotando a esta nueva versión de una sensación de inestabilidad. Esto, que podría parecer un defecto, es en realidad uno de sus puntos fuertes. De la brillantez del "hello world" inicial pasamos a un "hello, world" más maduro, donde la coma indica una pausa en la que debemos detenernos y meditar.

Con el tiempo, se han hecho multitud de copias de este programa, muchas de ellas en disquetes de 5" 1/4 de muy mala calidad. Algunas reproducciones llegan a incluir un signo de admiración al final o, incluso, una hache mayúscula. Esas copias, de valor mucho más reducido, no hacen más que remarcar el valor de la obra original y su influencia en el mundo de la programación.

domingo, 11 de noviembre de 2012

El arte de la inversión


Hoy he leído un artículo en El País sobre una feria de arte en Abu Dhabi.

El título del artículo es: Un supermercado del arte para los jeques del emirato y claramente, el punto de vista con el que se trata el tema es monetario, así que se incide en que sólo un pequeño porcentaje de la población del país tiene dinero suficiente para poder visitarlo. Incluso se incluye la siguiente cita de la directora de una galería de Nueva York:
“[En Abu Dhabi] No hay tradición de coleccionismo, pero es cierto que cada vez existe más interés. Están experimentando y aprendiendo de las sensaciones que el arte produce, y año tras año se sienten más confortables con ellas. Además, en la actual coyuntura el arte es una inversión rentable”,
Que deja claro que, para los galeristas, la parte artística y la monetaria van (evidentemente) de la mano. Hasta aquí nada nuevo. De hecho, lo único que convierte este asunto en noticiable —creo yo— es que al suceder en Abu Dhabi, queda mucho más claro que el arte es secundario; ya que todas las noticias que provienen de ese emirato tienen que ver con el dinero.

Parece fuera de dudas que el arte, especialmente la pintura y la escultura, es un buen artículo de inversión. Cada poco escuchamos que se han batido records en subastas de tal y cual artista. Al parecer, hay gente dispuesta a pagar cantidades exorbitantes por cuadros, con la suposición implícita de que es el arte lo que determina el precio y no únicamente su escasez.

Sin embargo, en mi opinión, todas las pruebas demuestran que el valor más importante es la rareza, como en casi cualquier otra cosa del mercado. Un Van Gogh o un Picasso no se pagan tanto por su valor artístico, sino porque existen pocos cuadros suyos. Incluso, en los casos en los que el artista realizó una obra perfectamente replicable (grabados, serigrafías), se pagan muchísimo más caras las primeras copias, especialmente si fueron realizadas por el propio autor o llevan la firma de éste.


De esta litografía de Picasso hay 5 copias hechas por él mismo y otras 50 hechas por otros, pero firmadas por él.

Igualmente, un cuadro atribuído por expertos en arte a un pintor conocido, pierde de repente gran parte de su valor (y muy posiblemente, su posición en el museo), si un nuevo estudio descubre que se trata en realidad, de un cuadro de uno de sus discípulos. La calidad artística no ha cambiado un ápice, sólo su rareza.

Tampoco estoy diciendo nada nuevo con esto. Si Picasso creyera que haciendo él mismo más copias de la paloma hubiese ganado más dinero, seguro que las habría hecho. Cinco copias parece un número pensado para mantener a propósito la escasez, sin que el arte tenga nada que ver con ello.

En resumen, que el mundo del arte y la inversión van de la mano desde que el mundo es mundo no debería sorprender a nadie.

Y si es así, ¿por qué me molesto en escribir esta entrada? La realidad es que en el artículo se habla de un pintor que, para mí, representa lo peor del arte considerado como negocio: Roy Lichtenstein.

Para los que no reconozcais inmediatamente el nombre, Lichtenstein es ese pintor que pinta escenas de cómics. Como la mayoría de los pintores de éxito, se pasó casi toda su vida haciendo el mismo tipo de cuadros, casualmente, aquellos que se vendían mejor. Afortunadamente, el mundo del arte nos ha implantado la idea de que los verdaderos artistas están obsesionados con un mismo tema, así que si hacen siempre lo mismo, tiene que ser arte. Lo cual, indudablemente, les hace la vida más sencilla.

Lo que no supe hasta hace poco es que ni siquiera las imágenes que pintaba eran originales. Hay una página muy interesante en la que se muestran las imágenes originales de donde las copió. Aquí sólo incluiré un par junto con extractos de Wikipedia comentados por mí:




Wikipedia: La versión de Lichtenstein aumenta la presentación de la narrativa y expande el uso del color en la imagen. Al igual que en la imagen original, emplea el tema de la visión y se enfoca especificamente en la visión mecanizada así como en la monocularidad.
[...]
El trabajo es un ejemplo de su presentación de la indeterminación de la perspectiva tuerta.
Las cursivas son mías, para marcar las palabras más ridículas (en mi opinión). Los cambios realizados por Lichtenstein, en su gran mayoría, sólo sirven para introducir errores anatómicos: Confunde las sombras del pómulo con lo que asemejan unas arrugas en la órbita del ojo y parece introducir un dedo adicional. Por no hablar de la luz que añade en el lado opuesto de la tapa.



Wikipedia: Aunque derivada de un cómic, Lichtenstein hizo numerosas alteraciones al trabajo, creando dos paneles a partir del original único, lo cual es objeto de un importante comentario crítico. También alteró la importancia relativa de los distintos elementos del cuadro, tanto gráficos como narrativos. Es ampliamente reconocida como una de sus mejores obras.
[...]
Lichtenstein alteró la imagen, de forma que el avión explotando es más prominente que en el original relativo al avión dominante, haciendo la imagen más interesante. La prominente (sic) exclamación "WHAAM!" es el equivalente gráfico de un efecto de sonido, aunque las llamas de la explosión dominan, el piloto y el avión son los focos narrativos.
No soy un experto en arte, aunque sí sé algo de dibujo de cómics y composición. Sobra decir que lo que yo diga es nada más que una opinión, pero ahí va: en mi opinión, la composición del dibujo original es mucho mejor, más dinámica e impactante que la de Lichtenstein.

Una de las cosas más difíciles de conseguir al dibujar un cómic son esas pequeñas líneas que muestran el movimiento de los objetos, las explosiones e incluso las letras con "Whaams!" y "Booms!". Es la típica cosa en la que uno no piensa hasta que intenta hacerlo. Para mí está claro que Lichtenstein, simplemente, no sabe hacerlo bien. Ni siquiera parece tener clara la importancia de la anchura de las líneas y la usa sin orden ni concierto.

Lo que más me molesta es que en estos comentarios, se da por hecho que el dibujo del cómic original no es arte. Es sólo tras las modificaciones introducidas por Lichtenstein, cuando la imagen pasa de la vulgaridad de un cómic a ser Arte, con mayúsculas.

No quiero decir que Lichtenstein no sea un artista o que no tenga ningún mérito. Escoger las imágenes tiene su mérito; la idea de hacer cuadros con viñetas de cómic es, en sí misma, muy original. A lo que no estoy dispuesto es a aceptar que todos y cada uno de sus cuadros, todos ellos muy parecidos entre sí, son arte y están a un nivel muy superior al de los cómics en los que se basa.

Y tampoco entiendo que alguien pague 44 millones de dólares por uno de esos cuadros. Además de en la escasez, los inversores se basan en la confianza (de nuevo, como en muchas otras cosas del mercado). La confianza en que los expertos en arte sigan diciendo que eso es bueno, la confianza en que no sea una copia y, sobre todo, la confianza en que siempre va a haber otro que pague más de lo que él pagó.